Las cuatro estaciones

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Las cuatro Estaciones
La vida está repleta de “males necesarios” y uno de los principales males inevitablemente es “el amor”puesto que en él se pueden encontrar un sinfín de sentimientos, que jamás serán los mismo por cada persona de la que uno se enamore. Es por ello que hoy a mis casi veintiún años he visto pasar mis “Males necesarios” en cuatro estaciones.

Primavera
Siempre he dicho ser una mujer que se ”enamora” cada dos años y ciertamente es una metáfora que yo misma cree. Sin embargo, a estas alturas de mi vida la frase la he repetido tantas veces que como un ruego se ha tornado realidad.

Recordar la primera vez que mi corazón palpitó por un niño es regresar a la primavera de 1997, en la que estaba finalizando mi primer año de secundaria, en el grupo “B” de la escuela Francisco I Madero en la Ciudad de Acayúcan Veracruz.

Antes de esa fecha no recuerdo haber experimentado un gusto parecido por el sexo opuesto, puesto que siempre lo había visto como unos seres más con quién platicar y ante todo con quien jugar básquetbol.

Conocer a Diego Jahir Condado Linares, fue el primer acercamiento a lo que luego reconocería como enamorarse.

Un niño de escasos doce años, bajo de estatura, pelo negro y desordenado, con hablar muy pausado, fue quien robó mis primeros suspiros. Con aquella piel morena apiñonada y manos largas.
Nunca fuimos novios, ya que en el momento en que él se atrevió a decirme algo yo lo “batee” como se dice coloquialmente, contestándole: - te tardaste mucho- esas palabras resonaron en sus ojos produciendo una lagrima que rodó por sus mejilla izquierda, salió corriendo y desde ese instante supe que nada sería lo mismo ni con él, ni con nadie más que gustase. Había descubierto algo que no conocía... no me gustaba esperar y mucho menos a un hombre.

Verano
La primavera terminó y llegó por fin el verano de 1999, mismo año en que concluí la secundaria en la ciudad de Poza Rica Veracruz, lugar al que había ido a radicar por el trabajo de mi papá, hacia un año. Pero ese mismo año en Marzo de 19 me enteré del fallecimiento de un hombre al que admire en vida y respeto aun en su muerte, JAIME SABINES el poeta y gran escritor mexicano, moría victima de cáncer.

El verano del 99 no solo dejé la casa de mis padre para ir a vivir a la ciudad de México, donde estudiaría la Vocacional en el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECYT) Wilfrido Massieu, del Instituto Politécnico Nacional( IPN), sino conozco al segundo de mis “Males necesarios”.

Oscar Avonza, el hombre por el cual un lápiz, una libreta de cuadros grandes y unos cuantos pensamientos eran mis mejores amigos en aquella enorme ciudad, a la cual conocía desde que nací pero jamás había visto tan grande e inhóspita.

Avonza, como le decían sus profesores y amigos mas cercanos, en aquel verano tenia dieciséis años yo tan sólo catorce. La primera vez que lo vi, yo estaba en las canchas de hockie junto con otras seis chavas que esperaban la llegada del instructor para poder empezar el primer entrenamiento.
Desde ese momento supe que aquellos ojos verdes ámbar y esa piel morena, sería quién no sólo robase mis suspiros, sino mis pensamientos.
Aquel hombre de ojos ámbar, me consideraba la mejor de sus amigas y su alma gemela, sin embargo era el terno enamorado de mi mejor amiga Edzna, mientras él vivía para ella, yo vivía para él.
Pero como todos los veranos este amor fue efímero y secreto, pero no en vano, descubrí mi capacidad para escribir y ante todo supe que sabia amar en silencio.

Otoño
Sin duda una de mis estaciones del año favorita, el momento en que las hojas se caían de los árboles y el suelo se plaga de hojas secas, que al pisarlas hace “cronch”,

Un otoño, mi otoño dorado del 2002, había dejado el IPN para estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de México(UNAM), en el Colegio de Ciencia y Humanidades(CCH) plantel Sur, la carrera de ingeniería civil no me había convencido y mi pasión por la radio se hacia cada día mas presente.

Mi otoño fue amargo, decidí dejar la escuela, justo cuando me faltaba solo un semestre par terminar la Vocasional y pasar a la carrera, lo había decidido, mis pasiones eran otras, mis virtudes diferentes y mi orgullo ya se había desgastado, con aquellos exámenes extraordinarios, no dormía, comía poco y mal. Pero justo cuando mi mundo parecía irse a la deriva apareció una voz con rostro llamado Salvador Leal.

Televisa Radio y sus estación WFM en ese tiempo la Frecuencia adictiva, tenía un fuerte apoyo a las nuevas voces. Una tarde de jueves recibí una llamada que pedía presentarme el día viernes a las dos de la tarde en las estalaciones de Televisa Radio, con Salvador Leal.

Fue ahí donde lo conocí y desde ese momento supe que en aquella mirada y voz se perderían meses y hasta años de mi vida, enamorada de él.
Los emses pasaron y no solo encontré una pasión perdida en la radio, descubrí que el amor era olvidarse de la lógica y cometer las mayores locuras por ese sentimiento. Salvador se convirtió en mi tercer “mal necesario” y en una marca que un llevo en el corazón.

Invierno
Y al fin el invierno del 2005, al entrar a la (UNAM) a la Facultad de Ciencia Políticas y Sociales, conocí al ultimó de “males necesarios”, a diferencia de los otros tres anteriores esté no conquisto mi corazón a primera vista, pasaron meses para saber que aquéllas pecas de su cara dibujarían mi última estación y definitiva.

Este invierno no sólo supe que no me gustaba esperar, que sabía amar en silencio y que uno cometía locuras por amor, entendí que todas esa cosas se podían hacer juntas dando como resultado mi definitiva estación, en la que ahora vivo y no deseo termine, pues me siento mas viva que nunca, camino sobre las estaciones del año sin darme cuenta que la primavera ha empezado y el otoño a terminado, pues para mi solo el invierno es el amor de mi vida.

Posd: Esto es algo que escribí hace ya tanto tiempo, los que me conocen sabrán quien fue mi invierno, y los que no, ni se preocupen ahora simplemente es un ente mas que vaga por las calles y del cual tengo un buen recuerdo.

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